Preparando casabe
 
  Una mujer garífuna mete yuca en un tubo de bayal para sacarle un jugo venenoso. Triunfo de la Cruz, Honduras. Crédito: Drew Irwin, Asociación Cultural InCorpore©.  

Wendy Griffin
Periodista cultural, Honduras This Week

Yuca: una raíz venenosa
Dos grupos indígenas en Honduras usan la yuca amarga. Los pech hacen un pan de ella llamada sasal en español y cha'a en pech. Los tawahkas también cultivaban la yuca amarga para hacer sasal, pero la planta ha desaparecido entre ellos. Para hacer sasal, se cuece la yuca, se muele con una piedra o una picadora de carne, y se envuelve en hojas de platanillo. Ya que se cuece sobre el fogón, la mayoría del jugo venenoso (cianuro) se evapora. Lo poco que queda le da al sasal un sabor amargo al pasar unos días. Sin embargo, actua como un preservativo. Mientras pan se echa a perder en un día en el bosque tropical, el sasal dura más de diez días.

La cosecha
Los garífunas usan un proceso completamente distinto para extraer el veneno. Primero, las mujeres recogen la yuca en sus fincas. La llevan usualmente en una canasta de bayal sobre sus cabezas. La imagen de una mujer cargando la yuca es muy tradicional. Los indios arawak del Caribe creian en un dios envenenado por la yuca. Su icono era una persona llevando una canasta bayal sobre su cabeza. Se ve un ejemplo en el Museo de Yale.

Rallando la yuca
Regresando a su pueblo, las mujeres garífunas usan machetes para quitarle la piel castaña de la yuca. Se inclinan hacia sus enormes ralladores cubiertos con piedras pequeñas de cuarzo. Esas piedras se descubrieron juntas en sitios arqueológicos por el Río Orinoco de Suramérica. Eso muestra a los expertos que los antepasados garífunas han empleado ese processo por más de 3,000 años.

La yuca rallada cae a una paila o bandeja de caoba llamada boulu en garífuna. Las mujeres cantan una canción especial cuando rallan la yuca. Las mujeres meten la yuca rallada en un tubo largo y hecho de bayal tejido, que es la ruguma. Se cuelga una punta de una rama. Se mete un palo al fondo del tubo. Los niños se sienten en el palo de abajo para jalarlo y exprimirle todo su jugo venenoso.

Se hierve ese jugo hasta que esté bien concentrado. El concentrado se llama dumari. Es una especie usada para darle sabor a las sopas garífunas sin coco, explica Enríque Gutiérrez de la comunidad de Trujillo. Cuando se bota el jugo, una capa fina de almidón de yuca se queda en la paila. Ese almidón es una comida estimada. Se lo da a los niños para hacerles dormir de noche, y a la gente mayor con problemas del estómago.

Horneando el pan
Después de exprimir el jugo, las mujeres sacan la yuca de la ruguma y la dejan secar por la noche. Entonces, la cuelan por una canasta grande llamada un híbise. La yuca que no pasa por la coladera, el chingaste, se cuece sobre el comal.. Se mezcla entonces la yuca tostada con agua y camote rallado. En veinticuatro horas, puedes probar el hiu, una suave bebida fermentada.

La yuca rallada que pasa por la coladera se echa a una plancha de metal o barro llamada budari para hornear. Se usa una espátula especial de caoba para darle vuelta. Las cocineras les cortan las orillas para hacer redondo el pan. Se utilizan esas orillas para hacer un postre llamado farinha en español y aru en garífuna. Las mujeres soplan el fuego con una escoba pequeña, beisaba. Salpican el pan de casava con una harina fina de yuca. Sacan el pan del fuego. El casabe hecho de yuca dulce dura hacia un mes. El de la variedad amarga dura hasta un año.

Otros usos de la yuca
Los garífunas tambien hacen un pan grueso de yuca, lo que se llama marrote en español y marumaruti en garífuna. Tanto el casabe como lo más esponjoso marrote se bañan en sopas para absorber el liquído saboreado de coco.

Los garífunas son descendientes de los indígenas carib y arawak, quienes originaron esas comidas. También, son descendientes de los africanos, quienes sufrían anemias de células falciformes. Algunos antropólogos creían que los químicos en el casabe ayudaron a proteger a los garífunas de esa enfermedad. A diferencia de la raíz, las hojas de la yuca no son venenosas. De hecho, es posible hervirlas en sopas o cortar y freirlas con huevos. Puede ser un tratamiento económico para la anemia deficiente de hierro, lo que es un problema común entre los pech, miskitos, y ladinos (grupos no indígenas).

 

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Crédito: Wendy Griffin. Bitter yucca: a plant of many uses, Honduras this Week©, 8/2/99. Todos derechos reservados. Tradución por Kristina Stevens, Centro de Estudios Latinoamericanos, Stanford University, 3/3/00. Griffin es la coautora de Dioses, héroes y hombres en el universo mítico pech, un libro sobre la mitología y folklorismo paya. Ella es actualmente una periodista para Honduras This Week. Griffin es una residente de la comunidad garífuna de Triunfo de la Cruz, Honduras.